When the spider kissed me
from her poisoned heart
leaked blood and tears
fool´s kisses and wine
I tried my best to wrapped around my finger
the cosmic web of her divine sorrow
tobacco melancholy groove
red velvet affair straight out of lonely streets
ravishing night angels holding daggers
ready to stab the skies
searching for the right compass
to mark the place where
everything
anything
can be found
just closing the eyes
and opening the soul.
sábado, 9 de mayo de 2020
miércoles, 6 de mayo de 2020
Tied lie
I lied to the tie
around my neck
when it checked
that all life was
gone.
Dawn lock down
petite malefique queen
grin
through the glass door
crossed joint crucifix
pleading sins to be
saint
once again by the hand
of God
deformed face traced
by all evils
angels twisted love
form ancient spells
kissing dices for
hopelessness
rolling thunder from
heavens
And then the tie
turned yellow
Mellow tremor
For the error that was
confined
To a lustful skin
Hellish and devilish
S.P.I.R.I.T
Los tres Lenín
La idiotez es una
enfermedad extraordinaria,
no es el enfermo el que
sufre por ella, sino los demás.
Voltaire
Dolor de espalda. Costillas apostadas contra su
estómago. Sudoración de biela fría que lograría calmar su ansiedad de fogonazos
fúricos de visiones dantescas y puteadas a aquellos que corrieron con sus
piernas en el revólver. Enmudece. América ahora solo la recuerda como el último
espasmo de unidad, de camino recorrido, de sueño roto. Enloqueció. Escondió su
odio y se refugió en la risa muerta, en el mal humor, en la motivación de
aquellos que, al cambiar de perspectiva, solo pueden imaginarse qué tan
miserables pueden volver a los demás: escondió en su supuesto positivismo toda
la cabreadera de la venganza que nunca pudo obtener. Se convirtió en héroe
junto a su sombra perpetua: la de los grandes ojos verdes, una cosa del pantano
asquerosamente atractiva en su inmundicia radioactiva. Se volvió el sidekick
conciliador de aquellos que solo veían en él a una figura noble, hasta tierna,
falta de amenaza o de planes maquiavélicos. Guardaría en su corazón su único yo
real hasta otro múltiplo de tres que le diera la señal para trastornarse,
negarse y afirmarse. 24 de mayo. Convertiría a ese 3 de enero en 3 personajes,
a lo Peter Sellers: sería capitán, presidente y madman confiable, cómico. Deliraba. Ahora solo él sería el receptor del
único código capaz de detener cualquier inminente catástrofe, solo él podría
dirigir el destino al borde de la extinción, solo él podrá ser el nazi
reconvertido a ciudadano de ensueño que imagina una nueva y más perfecta
generación de ecuatorianos. Dolor de espalda. Costillas apostadas contra su
estómago. Sonrisa amplia. Abrazo de momia. Renació en el poder, en la constitución.
Venganza y odios consumados en solo tres años.
domingo, 26 de abril de 2020
Los infiernos
“Depresión
en occidente, progreso decadente”
Cantando
– Violadores del Verso
Nos cagan, y la
prioridad es salvarlos; cuando la gente se jode, solo ofrecen miserias y, para
rematar, piden donaciones. Eso es maldad: la hipocresía de los bancos y los políticos. Para
sentirse bien con ellos mismos, para limpiar sus conciencias, para hacernos
olvidar de su obsceno enriquecimiento, transforman nuestra solidaridad en
caridad: ¿por qué tenemos que pagar la penitencia de unos pocos hijueputas? El
hambre, la salud, la educación, siempre pueden esperar: el sistema financiero,
no.
Urge repararlo, a
pesar de que la gente contribuye con impuestos que, por casualidad, son
malversados por personas que, destruyendo, creando "valores",
imponiendo una visión de éxito donde es mejor ser un completo mierda para
alcanzar cualquier objetivo -el fin justifica los medios- y así, replicar sus
enseñanzas de manera que el poder, (el estatal diría ahora un vergonzoso
ejemplo de egoísmo, debido a que se encuentra "por encima de todo")
puede recurrir de manera legítima al engaño y a la crueldad, sin máscaras que
disimulen ideales "bonitos".
Lo normal, esa
relación desigual que clasifica, ordena y controla el poder, se convierte en
espectáculo: si no se muestra, no existe. Por eso es mejor, durante este fin de
semana (25 y 26 de abril de 2020), el haber dejado de ofrecer cifras para,
aunque sea de esa manera, dejar de pensar en los muertos, en las deficiencias
de los líderes políticos: somos espectadores de nosotros mismos cada vez que
vemos la pantalla de la televisión, de la computadora, del celular. Consumimos
las “ilusiones” de gente que supuestamente quiso provocar una ruptura
democrática con su apatía, de aquellos cuya obra debe ser interpretada como ley
universal: teniendo el derecho a mentir, difícilmente podemos confiar en el
otro. ¿Por qué debo pensar que el Gobierno dice la verdad? Sus verdades
equivalen a negarlas.
viernes, 24 de abril de 2020
Live (poetry sketch)
I´m gonna die anyway this evening
simply taking the red moon coin in the sky
trembling hands and oozing soul
while the rain pushes the heart out
lonely town, lonely street
mind power
pushing the limit of suicides
connecting the sorrows
away from my eyes, away from my tears
loving this last night on Earth
smiling to the holy void of eternity.
simply taking the red moon coin in the sky
trembling hands and oozing soul
while the rain pushes the heart out
lonely town, lonely street
mind power
pushing the limit of suicides
connecting the sorrows
away from my eyes, away from my tears
loving this last night on Earth
smiling to the holy void of eternity.
domingo, 5 de abril de 2020
Yo, el altramuz, la traición, el Mesías
Me mastican cada Semana Santa entre sus fauces
benefactoras. Al igual que el lucero, únicamente tienen libre su cuerpo de la
cintura para arriba mientras agitan sus alas invisibles en celebración a la
traición gastronómica e infausta de su mezcla ritual. Profanan, desafiando al
tiempo, sus ataduras terrenales para convertirlas en glotonería celeste,
alabanza laboriosa. Acepté de manera libre enrumbarme hacia las puertas del
infierno sellando con un beso mi destino, muy a pesar de mi Maestro, con quien
comparto mi suicidio. ¿O acaso habré explotado luego de que en campo abierto
manchara con mi sangre y tripas el suelo? En ella germinó la semilla de mi
revolución, de mi maldición, por generaciones reinando como discípulo favorito,
leguminosa representación de purificación.
La obediencia es un acto sagrado, razón por la cual,
en mi, reposaron cargas juzgadas endebles, pero tortuosas, conflictivas e
inmutables. No existió vacilación: a través de mi el Espíritu Santo se
liberaría de la carne para alcanzar los cielos. Así fue, y así se hizo. En mi
el Verbo tuvo su lugar en la historia. Fue en mí que conoció la infamia; la
hipóstasis del Verbo fue dinero y afecto, su lugar en la divinidad tuvo que
transitar por mi Cocito, mi lamento dio luz a su corazón. La Omnipotencia es en
verdad la voluntad humana, y yo hice cumplir su redención con mi condena: mi clamor
fue una preparación laboriosa, falta de codicia y llena de renuncia absoluta. Debido
a esto pertenezco al círculo de aquellos realmente invitados a la mesa del
Señor, lugar reservado para los pocos sincretismos clericales absurdos,
extraños y extremadamente humanos, para la gloria de Dios.
El Maestro se mofaba de nuestra confusión y devoción,
quizás para aligerar su carga de manera sardónica, aunque nosotros jamás nos
opusimos a sus acciones ni a su palabra. ¿Habremos sido reales hermanos e hijos
de su divina voluntad? ¿Habrá sido su figura humana la encargada de contradecir
los designios divinos? Él reía de nuestra confusión pues él mismo se encontraba
en una encrucijada. Mis hermanos se mostraban molestos, a excepción de mí: era
Él la luz del Barbelo, el Uno Infinito; era de Él la potestad de la felicidad
eterna, no de un simple mortal como yo. Me convertí en la estrella que guiara
su camino hacia la inmortalidad a través del misterio de mi traición, sellando
mi amor con un beso.
-
Tú
me traicionarás.
-
Jamás
lo haría. Yo te amo, Maestro.
-
Es
por eso que cumplirás con lo que te pido. Así está escrito y así se hará.
-
¿Y
si me niego?
-
Condenarás
a todos.
-
Me
odiarán para siempre si lo hago.
-
¿Dudas
acaso de la voluntad de mi Padre?
-
Dudo
de mi, Maestro.
-
Eres
tú mi discípulo más amado, y cumplirás con mi palabra, a pesar de que te maldigan.
-
No
lo haré, Maestro. No soportaría la idea de verte morir.
-
He
explorado el alma humana, y a veces siento que Dios únicamente es una voz
atrapada en mi cabeza. También he dudado. Satanás siempre susurra a mi oído
falsas promesas y designios, pero sé que mi misión final pesa sobre ti una cruz
más grande que la que yo he aceptado cargar.
-
No
lo haré, Maestro. Eres mi Padre y mi Madre, eres luz, ¿cómo habría de enviarte
a la muerte? No quiero convertirme en tu abismo.
-
Sin
ti, el plan de Dios no podría darse. En el huerto de Getsemaní me entregarás,
me venderás por treinta monedas de plata y así se cumplirá mi destino: morir
para el perdón de los pecados.
-
¿Por
qué me has escogido a mí, Maestro? ¿Por qué no le das esta tarea ruin a alguien
más?
-
Porque
tú eres el Redentor del mundo, yo soy un simple instrumento de Dios.
-
Pero,
Maestro: ¡Tú eres el Mesías! ¡Aquel que traerá la Salvación y la Redención al
Mundo! Yo solamente soy un humano más, ¡tú eres divinidad y amor infinitos!
-
Y
es por ese mismo amor que te he escogido: superaré la tentación de vivir
terrenalmente para, con mi muerte mortal, vivir en la eternidad de los cielos.
También morirás y compartirás conmigo la Gloria de los Cielos.
Yo presencié el flevit
super illiam luego de marcharnos del Monte de los Olivos y me preparé para
lo que vendría durante su entrada triunfal en Jerusalén; fui testigo del dios
furibundo que expulsó a los mercaderes del templo en un arrebato incontrolable
de ira y asco, de coraje y total odio; participé en el lavatorio y desde ese
instante pude sentir en las manos del Maestro los estigmas; comí junto a Él por
última vez y cumplí con su mandamiento del amor: mi indiferencia ante su
inminente muerte; fui por las treinta monedas de plata y llevé a los miembros
del Sanedrín hacia el Mesías y, al besarlo, supe que cumplía con la voluntad de
Dios, aunque esto me significara el Infierno. Me atormenté, mi consciencia se
encontraba poluta y el peso fue demasiado como para continuar viviendo.
Desde entonces me acompañan la negación, el adulterio,
la pobreza, la opulencia, los milagros, las lágrimas, la armonía y la sanación.
Aquellos con quienes comparto el templo de los manjares se encuentran
encarnados en la humildad de los frutos de la tierra: choclo, habas, zapallo,
fréjol, bacalao, cebolla, leche y hierbas aromáticas. Yo, el altramuz, la
traición. Ninguno de mis hermanos me acompaña en esta reunión culinaria, a
excepción de Pedro. María Magdalena, San Francisco de Asís, Los Tres Reyes
Magos, la Virgen María y Fray Martín de Porres se reúnen junto a mí para
conmemorar la Pasión de Cristo, de la cual fui su arquitecto. Es a través de mí
que el Mesías pudo llegar a salvarnos; fue por mí que el Rey de Reyes ocupó su
lugar a la derecha del Padre. Yo soy la real encarnación del Mesías.
viernes, 3 de abril de 2020
Las pesadillas (esbozo COVID-19 #2)
Mira su fotografía cuando, antaño, era una joven inspirada por Manuela Sáenz. Empieza a tocarse el rostro y siente que, con el paso del tiempo, ha adelgazado. Su cabello también a perdido el colorido revolucionario para ennegrecer y formalizarse. La sonrisa, desaparecida por completo, ahora reemplazada por una mueca rígida que, en las últimas entrevistas, ha tenido que ser la línea que divida el grito del insulto, la desesperación de la queja y la mentira. Ruptura. Eso es lo que quisiera conciliar en su vida que, desde la universidad y sus momentos como asambleísta, ya no puede rescatar de su memoria, de sus ideales ahora corrompidos. Acerca la fotografía a su rostro y esta, para su sorpresa, empieza a hablarle.
- ¿Se puede saber qué haz hecho de ti?
- Conseguí mi objetivo.
- ¡¿QUÉ?! ¿En serio me dices que tu objetivo era convertirte en parte del peor Gobierno de la historia del Ecuador?
- Pero...he hecho lo mejor que puedo.
- Claro: todos te llaman asesina y, para colmo de males, autoritaria. En buen romance ecuatoriano: una hija de puta.
Para no escucharse más, intenta lanzar la fotografía lejos de ella, harta de escuchar verdades que conscientemente reconoce e inconscientemente niega todos los días, sin embargo, la fotografía no se va de sus manos, se pega más a ellas mientras, sin explicación alguna, empieza a aumentar de tamaño.
- Ahora, respóndeme algo: ¿qué pasa por tu cabeza cada vez que miras vídeos o imágenes tuyas en internet? ¿O las imágenes de los féretros y cadáveres regados por los suelos a manera de cruces sobre el agua?
Su habitación oscurece por completo. Poco a poco empieza a escuchar sollozos y gritos. La fotografía en sus manos ahora ha tomado lugar frente a un improvisado altar de flores muertas que yacen en el piso frente a un ataúd construido con tablones simples. Se observa completamente desnuda y trata de correr para alejarse de esa imagen macabra, pero sin ningún resultado: su desesperación no la lleva a ningún lugar, y la imagen mortuoria permanece fija ante ella. Se arrodilla para llorar, acercando sus manos a su rostro mientras sacude la cabeza en negación, mientras se repite: "Esto es un sueño."
Una figura conocida, empuñando un sable, aparece delante de ella, vistiendo un vestido blanco y portando la Orden El Sol del Perú.
- ¿Acaso eres tú María Paula Romo, Ministra de Gobierno del Ecuador?
Asombrada, entre el júbilo y el horror, Romo se arrastra a los pies de La Caballeresa del Sol.
- Yo solo quería seguir tu ejemplo, Manuelita.
- Si así fuera, jamás habrías traicionado a tu pueblo.
- No lo hice...no lo hice.
Alzando su sable en lo alto, alejándose de la figura patética a sus pies, Sáenz le dice unas últimas palabras a Romo:
- Rodará ahora tu cabeza por los suelos así como dejaste morir a miles por tu falta de entereza y poco espíritu patriótico. Por traidora a la Patria, no mereces ni el destierro ni el olvido, sino la muerte de tu espíritu a mis manos. No vale la pena el esfuerzo de arrancarte de las garras pervertidas que te han enloquecido.
De un solo movimiento, Manuela cercena la cabeza de la Ministra. Desangrándose, en los últimos segundos conscientes que le restan a su cerebro, María Paula Romo ve como el ataúd y las flores desaparecen lentamente de su vista, mientras sus ojos se cierran mirando a aquella figura que en su juventud idolatró y que solo puede observar su cráneo con desprecio.
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